domingo, 21 de junio de 2009

GIBRÁN KHALIL GIBRÁN

 

LOS SECRETOS DEL CORAZON

(1931)

 

 

La majestuosa mansión se encontraba bajo las alas de la noche silente, como la Vida bajo la envoltura de la Muerte. En su interior, una doncella sentada ante un escritorio de marfil, reclinada su bella cabeza sobre suave mano, como una lila marchita sobre sus pétalos. Miraba, alrededor de sí y se sentía una miserable prisionera que lucha por atravesar los muros del calabozo para contemplar a la Vida, marchando en el cortejo de la Libertad.

Las horas pasaban como los espectros de la noche, como una procesión entonando el fúnebre canto de su pena, y la doncella se sentía segura derramando sus lágrimas en angustiosa soledad. Cuando no pudo resistir más su sufrimiento y se sintió en plena posesión de los secretos de su corazón, tomó la pluma y, mezclando lágrimas y tinta sobre el pergamino, escribió:

 

Amada hermana:

 

Cuando en el corazón se apiñan los secretos, y arden los ojos por las quemantes lágrimas, y las costillas parecen estallar con el creciente confinamiento del corazón, no se puede hallar otra expresión de ese laberinto salvo una oleada de liberación como ésta.

Las personas melancólicas gozan lamentándose, y los amantes hallan alivio y condolencia en sus sueños, y los oprimidos se deleitan cuando causan conmiseración. Te escribo porque me siento como un poeta que imagina la belleza de las cosas y compone en versos sus impresiones, presa de un poder divino... Soy como el niño del hambriento que llora por su alimento, haciendo caso omiso de la condición de su pobre y piadosa madre y de su fracaso en la vida.

Escucha mi dolorosa historia, querida hermana, y llora conmigo, pues sollozar es como una plegaria y las lágrimas de piedad son caridad porque surgen de un alma buena y sensible y no se derraman en vano. Fue la voluntad de mi padre que me casara con un hombre noble y rico. Mi padre era como la mayoría de los hombres ricos que, por temor a la pobreza, sólo gozan de la vida cuando pueden acrecentar su riqueza y agregar más oro a sus cofres, para ganar con su esplendor el favor de la nobleza, anticipándose así a los ataques de los días aciagos... Y ahora descubro que soy, con todo mi amor y mis sueños, una víctima sobre un altar de oro que odio, y dueña de un honor heredado que desprecio.

Respeto a mi esposo porque es amable y generoso con todos; trata de hacerme feliz y gasta su oro para complacer mi corazón, pero he descubierto que todas estas cosas no valen lo que un momento de verdadero y divino amor. No te burles de mí, hermana, pues ahora soy una persona muy instruida acerca de los anhelos del corazón de una mujer -ese palpitante corazón como un pájaro en el vasto cielo del amor-, como una copa vuelta a colmar con el vino de los tiempos, añejado para las almas sedientas... como un libro en cuyas páginas se leen capítulos de felicidad y desventura, regocijo y dolor, alegría y pesar. Nadie puede leer este libro, excepto el verdadero compañero que es la otra mitad de la mujer, y que ha sido creado para ella desde el principio del mundo.

Sí, me he convertido en la más sabia de las mujeres en lo que atañe al objeto del alma y el sentido del corazón, porque he descubierto que mis magníficos corceles y carruajes y relucientes cofres de oro y sublime nobleza no valen lo que una mirada de ese pobre joven que espera pacientemente, sufriendo los tormentos de la aflicción y la desventura... Ese joven oprimido por la cruel voluntad de mi padre, prisionero en la estrecha y melancólica celda de la Vida...

Por favor, querida mía, no urdas nada para consolarme, pues la calamidad por medio de la cual he descubierto el poder de mi amor es mi gran consuelo. Ahora miro hacia adelante a través de mis lágrimas, y espero la llegada de la Muerte, que me llevará donde pueda encontrarme con la otra mitad de mi alma, para abrazarlo como lo hacía antes de llegar a este extraño mundo.

No pienses mal de mí, porque cumplo con mi deber de esposa fiel y acato con paciencia y tranquilidad las leyes y reglas del hombre. Lo honro con mi mente, lo respeto con mi corazón y lo venero con mi alma. Pero Dios hizo que diera parte de mí a mi amado antes de conocer a mi esposo.

El cielo ha querido que pasara mi vida junto a un hombre que no me estaba destinado, y mis días se consumen en silencio de acuerdo con la voluntad divina, pero si no se abren las puertas de la Eternidad, continuaré con la bella mitad de mi alma y volveré la vista hacia el Pasado, y ese Pasado es este Presente... Miraré a la vida como la Primavera mira al Invierno, contemplaré a los obstáculos de la Vida como aquél que ha llegado a la cima de la montaña después de trepar por la senda más escarpada.

 

En ese momento, la doncella dejó de escribir y, ocultando el rostro en el hueco de sus manos, sollozó amargamente. Su corazón se negaba a confiar a la pluma sus más sagrados secretos, pero aceptaba derramar estériles lágrimas que se dispersaban rápidamente, confundiéndose con el éter, refugio de las almas de los amantes y del espíritu de las flores. Después de un momento retomó la pluma y añadió:

¿Recuerdas a ese joven? ¿Recuerdas los destellos que emanaban de sus ojos, y los signos de pesar en su rostro? ¿Recuerdas su risa, que hablaba de las lágrimas de una madre separada de su único hijo? ¿Puedes reconstruir su voz serena, como el eco de un distante valle? ¿Lo recuerdas cuando meditaba, escrutando nostálgica y plácidamente los objetos y hablando de ellos con extrañas palabras, para luego agachar la cabeza suspirando como si temiera revelar los grandiosos secretos de su corazón? ¿Recuerdas sus sueños y creencias? ¿Recuerdas todo esto de un joven a quien la humanidad contaba entre sus hijos, y a quien mi padre miraba con ojos de superioridad porque estaba por encima de la voracidad terrenal y era más noble que la grandeza heredada?

Debes saber, querida hermana, que soy una mártir de este mundo insignificante, y una víctima de la ignorancia. ¿Te condolerás de una hermana que se sienta en el silencio de la horrible noche para verter todo lo que su yo interior encierra, y revelarte los secretos de su corazón? Estoy segura que te condolerás de mí, porque sé que el Amor ha visitado tu corazón.

 

Llegó el alba, y la doncella se rindió al Sueño, esperando hallar sueños más dulces y placenteros que los que había hallado en la vigilia...

 

COMPATRIOTAS

 

¿Qué buscáis, Compatriotas?

¿Deseáis acaso que construya para

Vuestros gloriosos palacios, decorados

Con palabras vacías de sentido, o

Para vuestros templos techados con sueños?

¿O me ordenáis que destruya aquello

Que los mentirosos y tiranos han construido?

¿Debo desarraigar con mis manos

Aquello que los hipócritas y los malvados

Han implantado? ¡Decid cuál es vuestro insensato

Deseo!

 

¿Qué querríais que hiciera,

Compatriotas? Debo ronronear como

Un gatito para satisfaceros, o debo rugir

Como un león para complacerme? He

Cantado para vosotros, pero vosotros no habéis

Danzado; ante vosotros he llorado, pero

No habéis sollozado. ¿Debo acaso cantar

Y llorar al mismo tiempo?

 

Vuestras almas sufren los tormentos

Del hambre, y sin embargo el fruto del

Conocimiento es más feraz que

Las piedras de los valles.

Vuestros corazones se marchitan de

Sed, y sin embargo las fuentes de la

Vida manan junto a vuestros

Hogares. ¿Por qué no bebéis?

 

Tiene el mar sus flujos y reflujos,

La Luna, crecientes y menguantes

Fases, y las Épocas sus

Inviernos y veranos, y todas las

Cosas varían como la sombra

De un Dios futuro oscilando entre

La tierra y el sol, pero la Verdad no

Puede cambiarse, ni tampoco disiparse;

¿Por qué, entonces, intentáis

Desfigurar su semblante?

 

Os he llamado en el silencio

De la noche para mostraros la

Gloria de la luna y la dignidad

De las estrellas, pero habéis salido,

Sobresaltados, de vuestro letargo y cogiendo

Con temor vuestras espadas, habéis gritado:

"¿Dónde está el enemigo? ¡A él debemos matar

Primero!" Al alba, cuando

El enemigo llegó, os volví a llamar,

Pero no salisteis esta vez

De vuestro letargo, porque estabais

Encerrados en el miedo, luchando contra

Las procesiones de espectros de

Vuestros sueños.

 

Y os dije: "Trepemos a

La cima de la montaña y veamos la

Belleza del mundo." Y me

Respondisteis diciendo: "En las profundidades

De ese valle vivieron nuestros padres,

Y a su sombra vivieron, y en

Sus grutas fueron sepultados. ¿Cómo podríamos

Abandonar este lugar por otro

Que ellos no honraron?

 

Y os dije: "Vayamos a la

Llanura cuya magnificencia llega hasta

El mar." Y tímidamente me hablasteis,

Diciendo: "El rugido del abismo

Atemorizaría nuestros espíritus, y el

Terror a las profundidades consumiría

Nuestros cuerpos."

 

Os he amado, Compatriotas, pero

Mi amor por vosotros es doloroso para mí

E inútil para vosotros; y hoy os

Odio, y el odio es un diluvio

Que arrasa con las hojas secas

Y las temblequeantes casas.

 

He tenido lástima de vuestra debilidad,

Compatriotas, pero mi lástima sólo ha servido

Para aumentar vuestras flaquezas, exaltando

Y nutriendo la pereza, que

Es inútil a la Vida. Y veo hoy

Vuestra enfermedad, a la que mi alma aborrece

Y teme.

 

He llorado por vuestra humillación

Y sumisión; y aunque manaron mis lágrimas

Cristalinas, no pudieron encrespar

Las turbias aguas de vuestra debilidad;

Quitaron, sin embargo, el velo de mis ojos.

Mis lágrimas nunca han llegado a

Vuestros petrificados corazones, pero

Han disipado la oscuridad dentro de mí.

Me burlo hoy de vuestro sufrimiento

Pues la risa es como el airado trueno que

Precede a la tempestad, y que nunca ruge

Cuando la tempestad ha pasado.

 

¿Qué deseáis, Compatriotas?

¿Queréis que os muestre

El espectro de vuestro semblante sobre

El rostro de las quietas aguas? ¡Venid,

Ahora y ved cuán horrible sois!

¡Mirad y meditad! El miedo

Ha tornado vuestros cabellos grises como las

Cenizas, y la disipación ha marcado

Vuestros ojos convirtiéndolos en

Negros agujeros, y la cobardía

Ha tocado vuestras mejillas que parecen

Ahora tenebrosos despeñaderos del

Valle, y la Muerte ha besado

Vuestros labios, dejándolos amarillos

¿Qué buscáis, Compatriotas?

¿Qué pedís de la Vida a quien ya no os

Cuenta más entre sus hijos?

 

Vuestras almas se hielan en las

Garras de los sacerdotes y

Hechiceros, y tiemblan vuestros

Cuerpos ante las zarpas de los

Déspotas y los derramadores de

Sangre, y vuestro país se estremece

Bajo las botas en marcha del

Enemigo conquistador; ¿qué podéis, entonces,

Esperar, aunque estéis orgullosamente erguidos

Ante el rostro del sol? Vuestras espadas se

Herrumbran en sus vainas, y están rotas

Vuestras lanzas, y resquebrajados

Vuestros escudos; ¿por qué, entonces,

Permanecéis en el campo de batalla?

 

La hipocresía es vuestra religión, y la

Falsedad vuestra vida, y la

Nada vuestro fin; ¿por qué vivís,

Entonces? ¿No es acaso la

Muerte el único solaz

Para los miserables?

 

La vida es la determinación que

Acompaña a la juventud, y la diligencia

Que sucede a la madurez, y la

Sabiduría que persigue a la senilidad; pero

Vosotros, Compatriotas, habéis nacido viejos

Y débiles. Y se marchitó vuestra piel

Y se consumió vuestro cráneo, y luego os

Convertisteis en niños, que juegan

En el fango y se arrojan piedras

Unos a otros.

 

El conocimiento es una luz que enriquece

El calor de la vida, y todos los que la buscan

Pueden ser parte de ella; pero vosotros,

Compatriotas, perseguís la oscuridad

Y evitáis la luz, esperando que el agua

Mane de las rocas, y la

Miseria de vuestra nación es

Vuestro crimen... No perdono

Vuestros pecados, porque vosotros sabéis

Lo que hacéis.

 

La humanidad es un río brillante

Que canta en su cauce, llevando

Los secretos de la montaña hasta

El corazón del mar; pero vosotros,

Compatriotas, sois turbios

Pantanos infectados de insectos

Y serpientes.

Tags: gibran

Publicado por Magiasuprema @ 18:12
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